viernes, 15 de mayo de 2009

El judaísmo en latinoamérica

La historia del judaísmo latinoamericano que se extiende por más de cuatro siglos puede ser entendida como un proceso de integración armónica de nuevas experiencias y enseñanzas milenarias, que han redundado en beneficio de la identidad judía y del enriquecimiento cultural de los países que lo han acogido. En el largo y complejo proceso de aculturación y de coparticipación, los inmigrantes judíos han absorbido los patrones culturales de las sociedades que les han dado cabida.
Ya desde el siglo XIX en el que los judíos supieron hacer suya la gesta libertadora cumplida por cada nación latinoamericana, hasta el día de hoy, la energía propulsora de las comunidades judías se ha manifestado en la vocación de convivencia del pueblo judío y ha propiciado el diálogo, resultado natural de un clima de tolerancia y de pluralismo.

La presencia judía en América Latina se remonta a los siglos XV y XVI cuando España conquistó y colonizó el Nuevo Mundo. Muchos judíos salieron de la península ibérica en 1492 rumbo a América ya que en 1479 se había decretado el Edicto de Expulsión de los Judíos. A pesar de que existían numerosas leyes que prohibían a los judíos establecerse en los dominios de la Corona, conversos o nuevos cristianos llegaron a estas tierras con el objeto de refugiarse de los rigores de la Inquisición.
La primera comunidad judía en América Latina se estableció en Pernambuco, Brasil. Posteriormente de allí muchos judíos emigraron a las Antillas y a Nueva Amsterdam, actualmente conocida como Nueva York. La sinagoga más antigua se encuentra en Curazao, se llama Mikve Israel Emanuel y funciona desde 1732. Es difícil establecer el número de judíos que existieron durante la época colonial, ya que para sobrevivir a las persecuciones inquisitoriales tuvieron que ocultar su presencia. La única fuente extensa de información sobre las actividades de estos judíos se encuentra en las actas y documentos de los procesos que el Tribunal del Santo Oficio llevó a cabo en el Nuevo Mundo.
A pesar de que la presencia judía en Latinoamérica fue una constante desde la conquista, la inmigración judía aumentó a principios del siglo XIX, aunque no en gran escala. La ola migratoria más grande se llevó a cabo en Argentina de 1880 a 1890, cuando llegaron más de 200,000 judíos procedentes de Europa Oriental principalmente.

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